
Eso lo sabe muy bien Phoebe Swift, que a los 33 años renuncia a su lugar de trabajo en la prestigiosa galería de arte Sothebys para abrir una tienda de ropa y accesorios de otros tiempos en un suburbio de Londres. Rodeada de exquisitas piezas, Phoebe se prepara para comenzar de nuevo, mostrando a las jóvenes de hoy la hermosura de esas prendas tan femeninas. Corre la voz por el barrio, las mujeres poco a poco van acercándose a la tienda, y al salir del probador y mirarse al espejo, descubren algo nuevo de sí mismas. Un día Phoebe visita a Thérèse, una anciana francesa que desea vender toda su fabulosa colección de vestidos, a excepción de una prenda: un abrigo de niña azul. Las dos traban amistad y finalmente Thérèse, gravemente enferma, decide revelar a Phoebe la historia del abrigo, que la lleva a recordar los tiempos de la Segunda Guerra Mundial, cuando ella era una niña y vivía en Avignon. Entre vestidos espléndidos, cálidos gestos de amistad y tragedias imposibles de olvidar, discurre esta hermosa novela, que cosiendo retales del pasado da un nuevo valor a nuestro presente.
Me ha encantado el libro. Es agradable en ciertos momentos, nos lleva a la imagen de los vestidos femeninos con cancan y amplios vuelos. Los vestidos que, en los tiempos en que practicamente todas las mujeres llevamos pantalones, nos retrotraen a aquellas películas antiguas de los años 50. Pero no todo es "glamour" en el libro. También está el sentimiento de culpa por no haber atendido a una amiga cuando la necesitaba. Al dejarlo para mañana se convierte en un "Si yo....." Pero ya no hay vuelta de hoja. También está la tragedia de los judios en los campos de concentración. El dolor de no saber de una querida amiga, qué habría sido de ella. La educación de una adolescente que da por hecho de que todo lo que quiere tiene que ser para ella, mientras que para otra "el que algo quiere, algo le cuesta" es su lema. Es muy interesante y puedo decir que a quien lo lea le gustará tanto como a mí. Lo recomiendo.